Aún si usted tiene el poder adquisitivo para vestirse con renombradas marcas, descubrirá que esa prenda que tanto dinero le costó, fue elaborada en su totalidad o al menos en parte, por las manos de trabajadores chinos, a kilómetros de distancia de donde usted vive y bajo condiciones laborables paupérrimas.
No podrá entonces dejar de cuestionarse cuál fue el costo de esa prenda que tanto le gusta (materiales, pero más que nada mano de obra) y cuánto realmente usted pago por ella.
Si ha quedado sorprendido después de darle una mirada a su guardarropa, déjeme decirle que a partir del 1ro. de enero de 2005 y durante la próxima década, cada vez que lo revise, el número de prendas “Made in China” será como mínimo dos veces mayor a la cifra que hoy tanto le ha impactado.