
En los últimos tres años, la economía ha crecido a una tasa promedio anual del 10%, crecimiento que la ha ubicado como la cuarta economía del mundo después de Estados Unidos, Japón y Alemania.
Sólo en 2005, el Producto Interno Bruto (PIB) de China registró un crecimiento del 9,9%, para ubicarse en los US$2,26 billones.
Y, más aún, en el segundo trimestre del año, la economía china ha mostrado un crecimiento del 11,3%, la cifra más elevada de la última década.
Si bien a simple vista este espectacular crecimiento podría causar la envidia de cualquier ministro de economía del mundo, lo cierto es que también puede darle rienda suelta a la inflación y con ello, erosionar los bolsillos de la población, y al mismo tiempo, causar un exceso de producción.
Inflación y sobreproducción
El problema radica en que el crecimiento chino sienta sus bases básicamente en sus crecientes exportaciones y la inversión en activos fijos, tales como propiedad, fábricas o maquinarias (bienes de capital).
Esto no hace más que alentar los temores sobre la ineficacia de la plataforma industrial china, debido a que las empresas chinas producen cada día más pero con una mayor cantidad de bienes de capital.